Introducción a la mitología cántabra

Recuerdo cuando era niña que si no hacíamos caso a los mayores, estos nos asustaban diciendo que “el ojáncanu se llevaba a los niños que se portaban mal”; y es que en las tierras cántabras habitan, según cuenta la tradición, seres que dieron lugar a la mitología cántabra a la que os queremos acercar presentándoos algunos de sus seres más conocidos.

El ya mencionado ojáncanu y su mujer, la ojáncana, son seres de forma humana pero medidas gigantes y un solo ojo.

El ojáncanu tiene una barba y melenas largas y siembra el terror entre ganaderos y otras gentes del lugar alimentándose de vacas tudancas y otros ganados. Solo las anjanas pueden pararles, ya que los ojáncanos mueren si estas les arrancan un pelo cano de la barba.

Las ojáncanas se caracterizan por sus grandes colmillos y unos pechos tan grandes que se los echan a la espalda al caminar. Aunque el ojáncanu tenga mala fama entre los montañeses, es la ojáncana a la que más temen, pues esta no tiene piedad y entre sus víctimas están niños, a los que devora sin remordimientos.

La anjana se encuentra en el polo opuesto a los ojáncanos y ojáncanas. Es un hada buena de gran belleza que vive en las fuentes y manantiales, desde donde protege al ganado que viene a beber a estos. Además de al ganado, protege al resto de seres de la Montaña, incluido, por supuesto, a las personas.

El trasgu es un duende pequeño que habita en los bosques. Es muy travieso y le gusta hacer gamberradas a las gentes con las que se encuentra ayudado por su vestimenta de hojas y musgo que le permiten camuflarse. Su cara es negra y sus ojos verdes.

El trastolillu es parecido al trasgu y hay gente que los confunde, puesto que también es pequeño y travieso, pero, a diferencia del trasgu, el trastolillu es protector del hogar. Su piel es negra, con el pelo largo y los ojos verdes. Tiene los colmillos retorcidos y un rabo y cuernos pequeños. Se viste con un manto rojo hecho con cortezas de árbol cosidas con hiedra, lleva un gorro blanco y un pequeño bastón de madera.

El trenti son otros de los duendes que habitan las tierras cántabras. Viven en los bosques y se visten con hojas, musgo y raíces. Se esconden por los bardales para hacerle trastadas a las mozucas. A pesar de esto, tienen buen corazón, y ayudan a los sarrujanes a reunir el ganado cuando este se pierde tras las tormentas. Cuidan de los niños a los que protegen de los ojáncanos, y asisten a los ancianos y ancianas que no pueden valerse por sí mismos.

El tentiruju es un diablillo de orejas puntiagudas, ropajes encarnados y boina. Acostumbran a volver a las mozas descaradas al acercarse lo suficiente a ellas como para poder rozarlas.

Los ventolines son genios pequeños con grandes alas verdes que viven en las nubes rojas sobre el mar. Ayudan a los pescadores a recoger las redes y les protegen en las tempestades.

Los caballucos del diablo aparecen en la noche de San Juan entre las nubes de azufre. Destruyen la magia de esa noche, principalmente los tréboles de cuatro hojas. Ningún otro ser mitológico puede pararlos salvo con la llamada yerbuca de San Juan, una planta sagrada que ahuyenta los males. Vuelan al resplandor de las hogueras emitiendo escalofriantes bramidos, lo que trae malos presagios para los presentes.

Los nuberos son genios diminutos y malignos, generalmente obesos. Se dedican a controlar el tiempo desde las nubes, donde habitan, y se divierten provocando tormentas y tempestades para arruinar las cosechas y las faenas de los pescadores. Se defienden utilizando rayos contra aquellos que parecen atacarles. Son también culpables de las galernas, como bien saben los pescadores.

El musgosu es un hombre alto y de aspecto sombrío vestido con un traje de musgo, sombrero de hojas y escarpines de piel de lobo. Campa a sus anchas por las brañas tocando con su flauta una triste melodía para guiar a los pastores en apuros. También avisa del peligro silbando desde las peñas. Es bondadoso, compasivo y muy trabajador. Ayuda en muchas ocasiones a reparar los invernales de los ganaderos.

El culebre es un dragón de grandes dientes afilados que escupe fuego y azufre y cuyos ojos son ascuas incandescentes. Vive en las cuevas guardando tesoros escondidos.

Además de estos que hemos nombrado aquí, existen otros muchos seres que habitan las tierras montañesas, pero como son muchos, preferimos que, tras esta pequeña introducción, sea el propio Manuel Llano el que, a través de sus obras, os siga contando más sobre la mitología cántabra.

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5 respuestas para “Introducción a la mitología cántabra”

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